Mirar una puesta de sol puede ser precioso. También lo es a través de los ojos de alguien. El sol se ve más pequeño, el horizonte no se refleja nítido, pero estás mirando a los ojos de alguien.
Los porrazos de un policía a un niño que protesta contra los recortes en su instituto se ven feos en la tele. Pero indignan mucho más si haces el esfuerzo de verlo a través de sus ojos, imaginando el movimiento del brazo armado de alguien que se esconde tras un escudo y un casco.
Escucha los problemas de un amigo querido, compréndelos, acompáñale y forma tu opinión. Pero si además intentas ponerte en su piel, descubrirás también su realidad y sólo con ese esfuerzo, fortalecerás mucho ese vínculo de amistad.
Enfádate con una reforma laboral salvaje. Pero mira a través de los ojos del compañero al que van a llamar al despacho para darle una mala noticia. Sólo así entenderás de verdad el alcance de algunas políticas.
Organiza un viaje. Haz cálculos sobre dinero y plantea rutas y lugares. Si también eres capaz de mirar con la mirada de un niño ilusionado, vayas donde vayas, hagas lo que hagas, serás feliz y volverás con fotos llenas de significado.
De vez en cuando, mira el mundo con los ojos de los demás. Verás.
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