Llevaba tiempo sin escribir. Lo he hecho conscientemente. Durante un tiempo me empecé a sentir cada vez más confuso, más dolido, más presionado por mí mismo, me fui agachando, fui bajando la cabeza. Por agotamiento, por tener una necesidad de acercarme al suelo, cerrar los ojos y dejar pasar a la gente a mi alrededor.
Entonces, alguien a quien de alguna forma ya quería, alguien que de alguna forma ya me quería, me abrazó, me acurrucó, me cuidó y en el suelo, con los ojos cerrados y viendo pasar a la gente a mi alrededor, pude descansar. Descansar y sentir. Sentir que el mundo sigue y yo estoy parado. Que sólo veo piernas que se mueven y unas manos que me tocan. Sentir que necesitaba estar parado y sentir. Sentir que quiero y puedo ponerme en marcha de nuevo. Sentir una energía, o amor, que me llegan a través de los brazos que me rodean. Sentir que eran los brazos que necesitaba y sentir que con los míos puedo hacer lo mismo.
Sé que tengo mucho más para dar, sé que tengo mucho que recibir. Que hay que moverse de nuevo, que necesito de la gente que quiero y hay quien necesita de mi. Aunque ahora, sin querer separarme de esos brazos tan tiernos y generosos que tanto me han dado, de los que tanto he aprendido a recibir, a los que tanto quiero dar.
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12 de junio de 2012
31 de agosto de 2010
Que si es que ya no escribo...
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| Siempre estoy con las manos en harina, aunque no me veas. |
Ayer me dijo una amiga: "hace muchos días que no escribes, ¿por qué?". Intenté responder sin alargarme y la respuesta fué sólo una pequeña aproximación a la realidad.
Tampoco hace tanto que no escribo, lo que pasa que durante varios días, publicaba una nota cada día o cada dos o tres... y ahora no. Tampoco es cierto que no escriba, porque escribir escribo, menos... sí... pero escribo. Pero no publico. No lo hago porque escribo demasiado desordenado, no me entenderíais. También porque escribo sobre personas concretas, y no me gusta hablar de personas que aunque no las nombre es fácil averiguar de quién hablo. Y yo puedo escribir sobre mi, o de mi interacción con alguien (y saberse quién), pero no escribir sólo sobre alguien, no cuento cosas de nadie.
¿Y por qué no escribo más o publico sobre mi? ¿No he pensado en voz alta estos días? Sí, mucho... pero no tantísimo como semanas atrás. Primero, porque no he tenido tanto tiempo. Aproveché unos días para hacerlo, porque tenía menos trabajo y porque me reservé bastantes momentos para mí mismo, incluso casi días enteros, dejando de lado alguna obligación. Lo necesitaba, y fue muy provechoso. Recogí varios frutos, casi todos buenos, maduros y sabrosos. Alguno más ácido de lo que esperaba, alguno verde todavía. Y después tuve la necesidad de parar un poco. Había descubierto muchas cosas, había aprendido, me había escuchado y ahora toca relajarse un poco y madurar. Incluso releerme. Me releo mucho y vuelvo a escucharme. Es buena señal, de momento, darme cuenta de que suscribo hoy palabra a palabra lo que escribí hace un mes o tres. Quise explorarme por ciertos rincones y ya lo hice. Recibí de otros más todavía de lo que recibí de mi mismo. Y ahora toca madurar cosas, asentar, enfriar, incorporar a un primer plano lo aprendido.
Sigo pensando, sigo reflexionando, sigo teniendo dudas, sigo teniendo miedos, sigo queriéndome más, sigo valorándome, sigo equivocándome, sigo soñando, sigo creciendo, sigo creyendo en la gente, sigo aprendiendo, sigo dejándome llevar, sigo haciendo, sigo empapándome de vida, de optimismo, de colores, de sonidos y de magia. Sigo con las manos en harina. Sigo sintiendo. Y sigo escribiendo.
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