Sentarse delante de un piano como el que observa desde el principio de la vida que le queda por vivir. Para intentar crear tu propia canción y que pueda llegarle a alguien. Tocar una tecla, otra, con timidez, como no queriendo molestar. Saborear cada nota en el aire, dejándola flotar hasta que se desvanece. Empezar una melodía sin rumbo... cambiarla por otra... probar con una armonía imposible, volver a parar... shhh... escuchar el silencio.
Empezar otra vez, otra nota, más grave, flojito. Hundir con mucho cuidado el dedo entre las teclas, casi no suena, casi no se oye... intuir la melodía con la imaginación. Cerrar los ojos y seguir tocando, notando las notas, cómo atraviesan la carne y llegan a ese sitio que no tiene descripción posible, donde tienen que llegar. Por fin vas siendo capaz de crear tu propia música, después de mucho escucharte, tantear con tiento, oler los sonidos, sentir el frío en la espalda con un cambio de acorde... y casi sin ser consciente, abrir los ojos y ver otros ojos brillantes, que por arte, por magia, se emocionan con las mismas vibraciones... ¿las notas?
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2 de mayo de 2012
28 de junio de 2007
Yo he estado en un concierto de Jorge Drexler
El pasado sábado 26 de junio, tuve el privilegio de poder asistir a un concierto de Jorge Drexler, en Elda.
Magistral, la brutal armonía entre los instrumentos y los acordes, entre la poesía y la electrónica, entre el público y las canciones, entre el autor y la música, entre el intérprete y la magia. Canción tras canción, Drexler fue desnudando su propia alma y compartiendo su propia vida, dejando que un grupo de músicos junto con él mismo dieran forma a toda su poesía e ingenio, fusionando tradición y tecnología, para que todos nosotros salieramos de aquel recinto con una gran experiencia vivida. ¡Qué grande eres!
Ya son muchísimas, las canciones que hay que escuchar, destripar, digerir, empaparse de ellas... sobre todo en los últimos 5 discos (se dice pronto).
Por poner un pequeño ejemplo, ahí va una canción... preciosa... dura... tierna... La voz de Jorge y María Rita, la guitarra de Jorge, un bombo legüero, alguna pincelada de violín y un loop de ruido al fondo. Combinación perfecta, derroche de sensibilidad.
Soledad (Jorge Drexler, 2006)
Soledad,
aqui estan mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta
desde hace un tiempo,
creo que pasaremos juntos temporales,
propongo que tu y yo nos vayamos conociendo.
Aquí estoy,
te traigo mis cicatrices,
palabras sobre papel pentagramado,
no te fijes mucho en lo que dicen,
me encontrarás
en cada cosa que he callado.
Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar solo.
http://www.jorgedrexler.com
Magistral, la brutal armonía entre los instrumentos y los acordes, entre la poesía y la electrónica, entre el público y las canciones, entre el autor y la música, entre el intérprete y la magia. Canción tras canción, Drexler fue desnudando su propia alma y compartiendo su propia vida, dejando que un grupo de músicos junto con él mismo dieran forma a toda su poesía e ingenio, fusionando tradición y tecnología, para que todos nosotros salieramos de aquel recinto con una gran experiencia vivida. ¡Qué grande eres!
Ya son muchísimas, las canciones que hay que escuchar, destripar, digerir, empaparse de ellas... sobre todo en los últimos 5 discos (se dice pronto).
Por poner un pequeño ejemplo, ahí va una canción... preciosa... dura... tierna... La voz de Jorge y María Rita, la guitarra de Jorge, un bombo legüero, alguna pincelada de violín y un loop de ruido al fondo. Combinación perfecta, derroche de sensibilidad.
Soledad (Jorge Drexler, 2006)
Soledad,
aqui estan mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta
desde hace un tiempo,
creo que pasaremos juntos temporales,
propongo que tu y yo nos vayamos conociendo.
Aquí estoy,
te traigo mis cicatrices,
palabras sobre papel pentagramado,
no te fijes mucho en lo que dicen,
me encontrarás
en cada cosa que he callado.
Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar solo.
http://www.jorgedrexler.com
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